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A lo largo de la historia del cine ha habido una considerable evolución en la forma de enfocar la diversidad sexual. En las grandes producciones de Hollywood, desde sus inicios hasta prácticamente la década de 1980, se retrataba a los homosexuales con sorna y de manera estereotipada o en papeles de asesinos despiadados o perturbados suicidas. Mención aparte constituirían el cine independiente o las producciones realizadas en otros lugares como Europa.
Esa situación se modificó paulatinamente hasta la actualidad en la que las grandes productoras de cine realizan películas dirigidas casi exclusivamente al público LGBT, mostrando personajes y escenarios más realistas, exhibidas en salas comerciales o en los numerosos festivales de esta temática que se celebran en todo el mundo. Gran parte de estas películas actuales se centran en el proceso de “salir del armario” y proyectan al espectador la realidad en la que los homosexuales se encuentran. Ese cambio ya se había producido en el cine europeo con anterioridad.
Se puede diferenciar entre el Cine de temática LGBT, cuya temática gira en torno a personajes homosexuales y sus relaciones con el resto, y las películas con personajes LGBT en roles secundarios o cuya sexualidad no influye en la trama de la película. Gran número de estos filmes se han centrado en la homosexualidad y bisexualidad masculinas, mientras que las femeninas y la transexualidad se han abordado con menor frecuencia.
La diversidad sexual ha estado presente en el cine desde el principio de su historia. En las primeras películas comerciales, la homosexualidad era contemplada de forma humorística, empleándose para hacer gags. Durante este periodo se retrataba a los hombres homosexuales de forma estereotipada, exagerando el afeminamiento para que un público popular pudiera distinguir sin necesidad de palabras a los personajes gais. La figura del sissy (mariquita en inglés) se acentúa tras la llegada del sonoro cuando gozó de mayor popularidad. A pesar de que nunca se hacía mención a las preferencias sexuales o afectivas de estos personajes, la audiencia los podía identificar fácilmente por reflejar los clichés existentes en la sociedad hacia ellos. Personajes extremadamente amanerados, remilgados, con delgados bigotes y a menudo grotescamente maquillados.
En esta época se da una paradoja al comparar la reacción que generan los hombres feminados y las mujeres que asumían un rol masculino. Mientras los primeros eran objeto de chistes y situaciones cómicas, las segundas eran consideradas atractivas tanto por hombres como por mujeres. Es notorio el caso de Marlene Dietrich, que en Marruecos se viste con un esmoquin de hombre en un club nocturno y es aplaudida por todos los asistentes cuando da un beso en la boca a otra mujer.
En los años 30, diferentes organizaciones cristianas norteamericanas amenazaron con promover boicots por el contenido de algunas películas que consideraban indecentes y poco ejemplares para la sociedad. Para frenar estas presiones, la industria de Hollywood dio el visto bueno al Código Hays, ideado por Bill Hays, cuyo objetivo era censurar todos los temas considerados indecentes. Entre ellos, se encontraban las consideradas perversiones sexuales.
Por un lado, se modifican los argumentos de las obras literarias adaptadas al cine, con el fin de eliminar cualquier mención: muy conocidos son los casos de La gata sobre el tejado de zinc o Días sin huella. Por otra parte, los homosexuales dejaron de ser un elemento cómico para asumir el rol de villanos acorde con el concepto de homosexualidad que el Código Hays quería transmitir a la sociedad. Quizá el ejemplo más claro son algunos de los papeles hollywoodienses de Peter Lorre (curiosamente, protagonista de El vampiro de Dusseldorf (1931), de Fritz Lang): Joel Cairo en El halcón maltés (1941) o Ugarte de Casablanca.
Al inicio de la década de los 1960 la censura se había relajado y el código Hays había dejado de aplicarse gradualmente para la mayoría de las situaciones que contemplaba, pero aún quedaba por derribar el último tabú, la homosexualidad. Los realizadores, cansados de las limitaciones, comenzaron a rodar películas que claramente trataban sobre lesbianas y gays, pero siempre bajo el prototipo que debía acompañar a estos personajes: llevando una vida atormentada que culminara con un final trágico, bien a través de una muerte violenta o bien suicidándose. No encontraremos a un personaje gay sensato y sin sentimientos de culpa hacia su sexualidad hasta Cabaret (1972), aunque no será hasta Philadelphia (1993) en que se empiece a normalizar la situación. Siempre dentro de un orden, ya que es notoria la ausencia de gestos amorosos entre el protagonista de Philadelphia y su pareja. Quizá las más siginificativas películas, de grandes estudios, de temática LGTB están en la filmografía de Ang Lee.
Evidentemente, el cine independiente estadounidense realizó su propio trabajo experimental, mostrando la variedad sexual sin trabas a partir de los 60, principalmente los trabajos de Paul Morrissey o John Waters. En los años 90 la corriente denominada New Queer Cinema, a través de su enfoque radical de la homosexualidad, desafió tanto al cine convencional como a los activistas LGBT quienes, tras décadas de esteretipos negativos en el cine sobre lesbianas y gais, comenzaban a pedir que las películas dieran una buena imagen de estos colectivos.
En Europa, al igual que en el cine independiente norteamericano, se rodaron películas de temática homosexual que tampoco entraban dentro de lo que era la "moralidad" imperante y trataron el tema desde el punto de vista normalizado y cotidiano mucho antes que en el cine producido en Hollywood. La filmografía europea ha generado un buen número de películas que destacaron internacionalmente como Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971), Querelle (Rainer Werner Fassbinder, 1982), Juego de lágrimas (Neil Jordan, 1992), Krámpack (Cesc Gay, 2000) o Tormenta de Verano (Marco Kreuzpaintner, 2004). En el cine británico destacan autores como Derek Jarman, Stephen Frears o James Ivory que, además, han enfrentado en sus películas las durísimas leyes británicas sobre homsexualidad y sus consecuencias. Del resto del mundo, es de destacar la normalización que viene del otro lado del mundo. El cine australiano destaca por su naturalidad al tratar estos temas, a partir de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1994).
En el cine español la variedad sexual se ha tratado en todos los géneros, desde todos los puntos de vista, y con una cierta "cotidianeidad". Incluso la censura franquista dejó colarse algunos ejemplos inauditos como la opera prima de Ibañez Serrador, La Residencia (1969) o Mi querida señorita (1972) de Jaime de Armiñán. A partir de la muerte de Franco, y con la puesta en marcha de la transición, desaparece la censura cinematográfica y comienza la producción regular de películas de temática LGBT y las carreras de algunos directores de relevancia internacional. Destacan los trabajos de Pedro Olea, Jaime Chávarri, Eloy de la Iglesia, Cesc Gay, Ventura Pons, Agustí Villaronga o Pedro Almodóvar, entre otros.
A continuación les ofrecemos una serie de enlaces sobre cine LGBT, que pueden ser de su interés:
http://homocine.com/
LesGaiCineMad
Zinegoak
MOSTRA INTERNACIONAL de CINEMA GAI i LESBIÀ

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