Callejero Cultural. Jorge Manrique

No se sabe se sabe con certeza dónde nació, aunque casi todas la fuentes apuntan a que fue en Paredes de Nava (Palencia) hacia 1440. Su nombre, poco habitual en la familia, quizá tenga que ver con la estrecha relación de su padre con los infantes de Aragón, cuyo patrón es san Jorge. Era hijo de Rodrigo Manrique, conde de Paredes de Nava y maestre de la Orden de Santiago, uno de los hombres más poderosos de su época, y sobrino del poeta Gómez Manrique. Su madre murió cuando él era un niño. Estudió humanidades y se formó como militar, que en aquella familia era casi una obligación: los Manrique combatían a los musulmanes y se movían como pez en el agua entre las intrigas por el trono de Castilla.

Esas intrigas ocuparon su juventud. Al igual que su padre, Jorge apoyó a los Reyes Católicos en la guerra contra los partidarios de Juana la Beltraneja. Fue comendador de Montizón, una encomienda de la Orden de Santiago. Hacia 1470 se casó con Guiomar, hermana de su madrastra, y en 1474 ya era capitán. Más tarde mandó la hermandad de la ciudad y reino de Toledo, una milicia para mantener el orden. Nada mal para alguien que no llegó a cumplir los cuarenta.

Dejó una cuarentena de obras, de tema amoroso, burlesco y doctrinal, con lenguaje llano y métrica corta. Eran poemas de corte, hechos para lucirse ante los amigos, y durante mucho tiempo se tuvieron por obra menor. Todo cambió el 11 de noviembre de 1476, cuando su padre murió en Ocaña. Jorge, que había luchado a su lado, le dedicó las Coplas a la muerte de su padre. El poema empieza con una reflexión sobre lo breve que es la vida y lo iguales que nos deja la muerte, repasa a personajes famosos ya desaparecidos y termina retratando al maestre, que acepta su final con serenidad. Lo más original es la idea de tres vidas: la terrenal, la eterna y la de la fama, es decir, la que perdura en la memoria de los vivos. Longfellow lo tradujo al inglés en 1833.

El autor no llegó a verse célebre. En 1479 murió durante el intento de tomar el castillo de Garcimuñoz, defendido por el marqués de Villena, enemigo de Isabel, en Santa María del Campo Rus. Su obra se imprimió años más tarde, y el Cancionero general recogió una selección en 1511. 

Ramón Sijé, su "compañero del alma"  Un genio que rompió todos los moldes
La prensa y distintos sectores le rindieron homenajes por el Nobel, que muchos presentaron como un triunfo de España; sin embargo, el recibimiento no fue completamente unánime porque también hubo hostilidad y críticas en los círculos literarios. Miguel Hernández demostró que no hace falta criarse rodeado de estanterías repletas de libros, hablar varios idiomas y pisar los pasillos de una buena universidad para revolucionar la historia de la literatura. Se puede pasar de ser pastor de pueblo a convertirse en una de las voces más auténticas y descarnadas de la poesía española.